Un presidente de espectáculo.

El 31 de mayo del 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió con Kim Kardashian, una celebridad muy controversial en el país norteamericano para hablar de una causa social que Kardashian apadrinó por convicción propia: el caso de Alice Marie Johnson, "una mujer afroamericana de 63 años que lleva 22 años en la cárcel, cumpliendo una condena de cadena perpetua por posesión de cocaína y lavado de dinero" (El País, 2018).

Esto ha sido muy criticado por distintos medios, pues fue justamente en un día en el que la Agenda del presidente estadounidense tenía cosas más importantes que atender, como la negociación con Corea del Norte o la guerra comercial con China y Europa. Realmente no es de extrañar que este tipo de cosas sucedan en la era Trump, marcada por una administración que parece de película, con controversias por doquier.

Asimismo, la relación que existe entre la celebridad Kardashian y el presidente Trump es que el esposo de la primera, Kanye West, apoya la adminstración del presidente en turno. Además, Trump antes era caracterizado como "showman"; y es bien sabido que a los norteamericanos les gustan mucho los reality show, por lo que un acto de este tipo también funge como una forma de llegar a la población; más en un contexto en el que hay una sociedad dividida por la agenda de Trump.

Este tipo de sucesos son muy comunes actualmente, en una era en la que la política se toma como algo a juego, en la que la población se cansó de lo "políticamente correcto" y han buscado nuevas alternativas para mostrar su verdadero sentir ante la situación de Estados Unidos. Es en este tipo de actos que traen gran legitimidad son en los que se puede ver la naturaleza política y social de un país que se ha forjado con base en una identidad cultural con fines políticos muy específicos; fines que se ven materializados en la cotidaneidad de la cultura popular no solo dentro del país, sino también en otros países.

Ésta sociedad tan abstracta, y algunas veces tan burda, raya los límites de la racionalidad, y no es algo de extrañar; pues al final de cuentas una de las bases del pragmatismo estadounidense es dejar la racionalidad atrás, para actúar únicamente con base en los intereses de cada individuo. Es en este espíritu que podemos encontrar respuesta a preguntas tan comunes en este caso: ¿Qué hace Kim Kardashian interesada por una causa social nada relacionada con su vida? ¿Por qué recurre al presidente Trump, quien ha mostrado su poca sensibilidad en este tipo de cuestiones? ¿Por qué se le ha dado más seguimiento a ésta noticia que a los problemas políticos de la administración del presidente Trump?

Fuentes:
Faus, J. (mayo, 2018). "La reunión de Kardashian con Trump afianza la telerrealidad en la Casa Blanca". en  El País. España.

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